La Copa Mundial de la FIFA 2026 se celebra en medio de una aguda crisis de derechos humanos, con considerables riesgos para la afición, los jugadores, los periodistas, los trabajadores y trabajadoras y las comunidades locales.
Estados Unidos —donde se disputarán tres cuartas partes de los partidos de la Copa Mundial— se enfrenta a una “emergencia de derechos humanos” y a un patrón reconocible de prácticas autoritarias. Hay agentes armados echando abajo puertas y deteniendo a menores de edad, y se ha deportado a cientos de miles de personas. Los grupos de aficionados y aficionadas LGBTQI+ dicen que no es seguro tener una presencia visible, y se prohíbe a simpatizantes de cuatro países participantes entrar en Estados Unidos.
México ha movilizado a 100.000 agentes de seguridad, incluidos militares, en respuesta a los elevados niveles de violencia, mientras que un movimiento de mujeres y madres que pide verdad, justicia y reparación por las 133.500 personas desaparecidas en el país planea una protesta pacífica ante el Estadio Azteca de Ciudad de México el día del partido de inauguración.
En Canadá, la experiencia de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010 en Vancouver, sumada a una creciente crisis de vivienda, han despertado el temor de que las personas sin hogar sean desplazadas. Un refugio para albergar a personas sin hogar durante el invierno en Toronto fue cerrado con un mes de antelación porque el lugar había sido reservado para uso de la FIFA como parte del acuerdo de sede firmado con la ciudad.
