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El Mundial 2026: ¿El gol decisivo contra el racismo?

Ángel García Gervacio

Ángel García Gervacio

Activista de Amnistía Internacional México

El fútbol es más que un deporte, es un espejo social donde se reflejan avances, tensiones y deudas históricas. En la Copa Mundial de Fútbol 2026, celebrada en México, Estados Unidos y Canadá, la lucha contra el racismo se posiciona como un desafío urgente y global (FIFA, 2026).

A pesar de la campaña “No al Racismo” promovida por la FIFA, los actos discriminatorios siguen presentes tanto dentro, como fuera de los estadios. Futbolistas de distintas selecciones nacionales han denunciado constantemente insultos raciales, evidenciando que el problema no es aislado, sino estructural. El racismo en el fútbol refleja desigualdades arraigadas en la sociedad; no se trata solo de aficionados radicales, sino de sistemas enteros que normalizan la exclusión y la violencia simbólica. Esta realidad evoca el anhelo de construir un entorno donde personas de todas las etnias convivan en armonía dentro de este gran juego llamado fútbol (TV UNAM, 2026).

Los episodios de discriminación no son una novedad en las justas mundialistas. Durante la Copa Mundial de la FIFA Qatar 2022, diversas organizaciones documentaron graves atropellos en estadios y plataformas digitales. Investigaciones periodísticas y reportes de derechos humanos, tales como Qatar, la copa mundial de la vergüenza (Amnistía Internacional, 2024) y Qatar 2022: la trágica historia de los migrantes (Nelly, 2022), visibilizaron la explotación laboral vinculada al evento. Asimismo, de cara al torneo actual, agrupaciones civiles emitieron alertas sobre los riesgos de discriminación en los viajes hacia las sedes norteamericanas (Ward, 2026).

Estos actos demuestran que, pese a los discursos institucionales, los mecanismos de sanción orientados a proteger los derechos humanos siguen siendo limitados. De acuerdo con Human Rights Watch (s. f.), la falta de consecuencias claras permite la repetición de estas conductas. Aunque la FIFA trabaja activamente en campañas de concientización (Inside FIFA, s. f.), el gran reto para 2026 radica en pasar de la retórica a la acción efectiva.

Derechos humanos dentro y fuera de la cancha

 

El Mundial 2026 representa una oportunidad clave para implementar políticas más firmes en materia de inclusión. Los países anfitriones han planteado estrategias que combinan sistemas de vigilancia, educación y protocolos de respuesta inmediata en los estadios. Sin embargo, especialistas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) señalan que combatir el racismo requiere un enfoque integral; no basta con campañas visibles, se necesitan cambios culturales profundos.

El deporte también posee memoria histórica. En los Juegos Olímpicos de México 1968, el gesto de protesta en el podio contra la tolerancia y el respeto a las garantías de estudiantes y trabajadores marcó un antes y un después en la historia deportiva. Ese mismo año, el Estado mexicano reprimió con violencia al movimiento estudiantil, un episodio trágico analizado en el texto 1968: El año que cambió a México (Gaceta UNAM, s. f.).

Aquel momento demostró que el silencio no es neutral, sino parte del problema. Hoy, en pleno desarrollo del Mundial 2026, esa lección cobra una relevancia absoluta. La lucha contra el racismo no se gana con un solo evento, sino con acciones constantes y colectivas. Sin memoria no hay justicia y, sin justicia, ningún juego puede considerarse verdaderamente limpio.

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