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Cómic y derechos humanos: una relación cómplice

Juan Ignacio Cortés (@JuanICortes)

Juan Ignacio Cortés (@JuanICortes)

Colaborador de Amnistía Internacional

Desde las primeras tiras ilustradas aparecidas en los periódicos norteamericanos a finales del siglo XIX hasta las actuales novelas gráficas de más de 300 páginas, el cómic (la historieta, si preferís) ha ampliado constantemente sus recursos y formatos narrativos y los temas abordados en sus páginas, dejando claro que puede ser mucho más que mero entretenimiento y convertirse en una forma de expresión artística. De forma explícita o implícita, muchas obras del cada vez más amplio catálogo comiquero disponible en español tienen que ver con los derechos humanos y son una excelente excusa para hablar de ellos.

Una obra maestra

Primera novela gráfica en ganar un Premio Pulitzer en 1992,Maus es un clásico a la altura de los más importantes documentales sobre el holocausto como pueda ser Shoah, de Claude Lanzmann, o los grandes relatos sobre el sufrimiento humano en tiempos de guerra, como Vida y destinode Vasili Grossman. Esta novela gráfica narra la historia de Vladek y Anja, los padres de Art Spiegelman, una de las figuras claves del cómic underground norteamericano. Judíos polacos, los padres del dibujante pasaron innumerables penalidades y desventuras tratando de escapar al destino que la doctrina de la solución final  establecía para ellos antes de acabar siendo deportados a Auschwitz.

Aunque sobrevivieron al mayor campo de exterminio del holocausto ‒más de un millón de de personas fueran ejecutadas en él de forma sistemática, casi industrial‒ y emigraron a los Estados Unidos, el horror vivido marcaría sus existencias y la de su hijo. Anja se suicidaría en 1968 y Art siempre tendría una relación difícil con Vladek, quien murió en 1982, poco después de que su historia comenzase a publicarse por entregas en la revista Raw, que Art dirigía. La obra es un extraordinario relato sobre las penalidades vividas por los padres de Spiegelman durante la persecución nazi y sobre la necesidad de hacer memoria del horror, el miedo a mantener esa memoria viva, la culpabilidad que sintieron los supervivientes del holocausto por haber sobrevivido… Son muchos sus niveles de lectura y las reflexiones que se pueden extraer de ella.

Para subrayar lo inhumano de toda la historia, Spiegelman recurrió a un brillante recurso formal que da título a la obra. Maus significa ratón en alemán y, efectivamente, todos los personajes judíos que son presentados bajo la figura de un ratón ‒y, correlativamente, todos los personajes nazis son presentados como gatos‒. Quien no conozca la obra puede pensar que este recurso caricaturesco le resta profundidad. Quien la conoce sabe que no es así. Si Maus no te conmueve y no te hace pensar en el terror que pueden llegar a desatar las personas, realmente hay algo equivocado y deberías visitar a un terapeuta (cosa que Art Spiegelman ha hecho durante gran parte de su vida, por cierto).

Dos maestros con estilo propio

Empezar hablando de Maus es uno de esos aciertos que pueden resultar un error: Me he comido gran parte del espacio de este blog y apenas he empezado. No me entretengo y paso a hablar de dos grandes maestros que han creado estilos muy reconocibles y hasta, según algunos, un nuevo género ¿literario? ¿gráfico?: el periodismo de cómic o el cómic periodístico. Hablamos de Joe Sacco, un maltés-estadounidense que, ante el inicial fracaso de su carrera periodística, apostó por lo que en principio era una mera afición ‒el cómic‒ como modo de ganarse la vida. Sacco terminaría uniendo periodismo y cómic en una exitosa carrera que ha recibido numerosos reconocimientos, incluyendo el American Book Award.

En 1993 comenzó a publicarse por entregas Palestina: en la Franja de Gaza, que narra las penurias a las que se ve sometida la población palestina recluida en este pequeño territorio, lo más parecido a un gigantesco gueto que se ha visto tras el holocausto. Desde entonces, Sacco ha ido acumulando obras maestras entre las que destacan Notas al pie de Gaza, la reciente Un tributo a la tierra y, para muchos, la más completa de todas: Gorazde: zona segura.

Esta monumental novela gráfica ‒documentada hasta el mínimo detalle, pues antes de empezar a dibujar Sacco pasa meses recogiendo información sobre el terreno, como cualquier buen periodista‒ cuenta cómo Gorazde estuvo a punto de sucumbir en 1994 al empuje de las fuerzas serbo-bosnias alzadas contra el Gobierno multiétnico de Alia Izetbegovic para crear una Bosnia sometida a Serbia. Al contrario de lo que sucedería un año más tarde en la vecina Srebrenica, en donde las milicias serbio-bosnias acabaron con la vida de más de 7.000 varones bosnios, la intervención internacional detuvo la masacre. Hay mucho más Sacco que cortar, pero nos quedamos aquí.

Como Sacco, Guy Delisle llegó al cómic un poco de rebote. Este canadiense trabajaba para una compañía de películas de animación y un buen día le enviaron a la ciudad china de Shenzen a impartir unos talleres de animación a estudiantes chinos. El aburrimiento en una ciudad de cuyos habitantes le separaba una infranqueable barrera idiomática y la vigilancia de las autoridades chinas, le llevó a escribir su primera novela gráfica ‒Shenzen, la obra del tipo es tan original como obvios sus títulos‒. Repitió la experiencia en Pyongyang, tras un periodo impartiendo talleres de animación en la capital del Corea del Norte, y también ha documentado sus viajes acompañando a su mujer, miembro de Médicos sin Fronteras, a países como Myanmar o Israel.Todas sus obras están marcadas por una aproximación aparentemente ingenua y no ideológica a las duras realidades con las que se encuentra. Esto, en lugar de restarles fuerza, las hace más poderosas. Guy Delisle no remarca, no narra desde una posición previa, pero lo que cuenta es tan evidentemente inhumano e injusto que nos conmueve hasta el tuétano.

Si no puedes repasar toda su obra y tienes que elegir una, no lo dudes: Crónicas de Jerusalén. Esta vez, los judíos son los victimarios y no las víctimas. Pero la conclusión es la misma: si no sientes indignación, tristeza y compasión con este cómic, si los dibujos de Delisle no te hacen preguntarte de dónde nace la injusticia y la maldad que hacen que tantas vidas humanas en el planeta carezcan de dignidad, deberías visitar un terapeuta.

Una lista interminable

Me he vuelto a calentar hablando de estos maestros y debo empezar a cerrar este texto cuando apenas estoy empezando a entrar en materia. A toda prisa os dejo aquí muy breves apuntes sobre otras obras de cómic/novela gráfica que pueden servir cómo banderín de enganche para charlar sobre Derechos Humanos. Si lo consideran oportuno, volveremos sobre el tema.

Carlos Giménez, posiblemente el mayor dibujante español vivo, tiene muchas obras maestras, pero Paracuellos retrata con una tierna brutalidad las consecuencias de la Guerra Civil española para los perdedores de la contienda. Dentro de la amplia lista de cómics sobre el conflicto, El arte de volar es también una gran reflexión sobre la memoria y la desmemoria. La profundidad de la obra de Antonio Altarriba (guionista) y Kim (dibujante) no tiene nada que envidiar a Maus.

Un clásico del cómic español que versa explícitamente sobre el tema que nos ocupa es el álbum Los Derechos Humanos, de la desaparecida editorial Ikusager, que todavía se puede conseguir en librerías de coleccionista. Es una recopilación de historias cortas sobre distintos artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que reúne las firmas de algunos de los más grandes dibujantes de la historia del cómic: el italiano Milo Manara, el norteamericano Will Eisner ‒creador de uno de los personajes más famosos de la historia del cómic, el detective enmascarado The Spirit‒ y el uruguayo Alberto Breccia ‒autor del monumental Informe sobre Ciegos, traducción visual del texto homónimo del novelista argentino Ernesto Sábato, un verdadero viaje al corazón de las tinieblas del corazón humano‒. Tinieblas que provocan hecho como la desaparición, durante la dictadura argentina, de entre 30.000 y 40.000 personas.

Algunos cómics relacionados con los Derechos Humanos son más reflexivos, o filosóficos. V de Vendetta, un hito fundamental de la historia de este arte que es fruto de la colaboración entre el idolatrado guionista Alan Moore y el dibujante David Lloyd, nos hace pensar en la libertad y la posibilidad de que el ansia de seguridad de nuestra sociedad acabe transformándola en una completa distopía. Algo sobre lo que nos toca pensar a todos en este delicado momento, me temo.

Otros cómics como Persépolis de Marjane Satrapi, nos narran historias muy concretas. En este caso particular, esta exiliada iraní en Francia, nos cuenta su infancia, vivida en el contexto de la represión impuesta por el régimen iraní del Ayatollah Jomeini tras su ascension al poder en 1979.

Una manera de pasear por el mundo y por la historia

Son numerosos los cómics que nos permiten repasar la historia de conflictos y luchas sociales ‒demasiado a menudo unidas a violaciones de los derechos humanos‒ en los más diversos lugares del mundo, incluso de algunos poco habituados a asomar por nuestros telediarios. Desde África, Didier Kassaï nos cuenta en Bangui la historia del conflicto que asola desde hace años la vida de la República Centroafricana. Ramón Esono nos cuenta en La pesadilla de Obi la vida cotidiana en Guinea Ecuatorial bajo el régimen dictatorial de Teodoro Obiang Nguema. Seguro que volveremos a hablar en este blog de este cómic y de su autor.

Desde América Latina, son muchas las obras que nos hablan de las venas siempre abiertas del continente. En !Maldito Allende! Oliver Bras y Jorge González narran los últimos momentos del gobierno de Salvador Allende en Chile y el golpe de Estado encabezado por Pinochet. En Rupay, Luis Rossell, Alfredo Villar y Jesús Cossío nos cuentan las atrocidades cometidas por ambos bandos durante el conflicto entre el Gobierno peruano y de Sendero Luminoso. Volviendo sobre el tema de la dictadura argentina, El Eternauta  es una referencia mítica. La historia de unos extraterrestres que invaden Buenos Aires siempre fue leída como una metáfora de la represión. Desde luego, esta fue la interpretación de los militares, que desaparecieron al guionista, Héctor Germán Oesterheld.

Por supuesto, no todo son historias de desastres. Hay cómics que nos cuentan las vidas de figuras esenciales en la lucha por los derechos humanos, como Nelson Mandela o Martin Luther King. Obras como Arrugas, de Paco Roca, y María y yode Miguel Gallardo, nos hacen pensar acerca de los derechos de colectivos como la tercera edad y las personas con diversidad funcional en la vida cotidiana. La marea morada de estos últimos años también ha dado lugar a una gran cantidad de obras que podríamos colocar en la estantería de cómic feminista. Como muestra, un botón: Ana Penyas y Estamos todas bienobra que le hizo merecedora  del Premio Nacional de Cómic.

Y hasta aquí podemos escribir.

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