Amnesty International
Pascale Solages es cofundadora y coordinadora general de Nègès Mawon, organización feminista de Haití fundada en 2015 que brinda acceso a servicios de salud y atención a sobrevivientes de violencia de género y violencia sexual, y promueve el activismo feminista a través del arte, la educación para niñas y adolescentes y la defensa de sus derechos.
Haití atraviesa actualmente una crisis social, política y humanitaria sin precedentes. La violencia se intensificó en 2021 con el asesinato del presidente Jovenel Moïse, tras el cual grupos criminales tomaron el control de Puerto Príncipe, capital. Desde entonces, se han llevado a cabo varios esfuerzos para restablecer la paz en el país, pero no han tenido el éxito esperado.
Esta entrevista, realizada por Tania Briseño de Amnistía Internacional, forma parte de una serie de blogs que destacan la extraordinaria labor de activistas y organizaciones haitianas que están marcando la diferencia, especialmente en la vida de las comunidades afectadas por la violencia en Haití.
Pascale, ¿qué te motivó a involucrarte en este trabajo?
Soy miembro de organizaciones feministas desde 2008, cuando tenía 19 años. Empecé a colaborar con grupos feministas como la Fundación Toya. En 2015 decidí crear mi propia organización porque quería hacer las cosas de otra manera. Quería crear un festival feminista, era la primera vez que una organización feminista en Haití utilizaba el arte de esta manera, y quería crear una estructura que respaldara esta visión.
Mi compromiso feminista es también una respuesta a mis propias experiencias. Desde muy joven fui testigo de la violencia de género en mi familia. Crecí presenciando cómo mi padre golpeaba a mi madre. También fui víctima de violencia sexual cuando tenía ocho años. No entendía lo que me estaba pasando, y fue un camino muy solitario. No tenía a nadie con quien hablar ni nadie que me explicara qué estaba pasando.
Tardé años en encontrar personas que me ayudaran a comprender ese trauma y a recuperarme. Quería crear el espacio que yo necesitaba cuando era niña, para otras mujeres y niñas que también habían sobrevivido a la violencia sexual. Es una mezcla de mi propia experiencia como niña y mujer haitiana, y el bello trabajo que desarrollé con otras feministas de todo el país. Todas las mujeres de las que aprendí a lo largo de este camino me inspiraron para crear Nègès Mawon.
¿Cómo ha afectado la crisis actual a las mujeres y las niñas de Haití?
Haití se enfrenta a una crisis política, económica, social y de seguridad. Sólo en la primera mitad de 2025, hubo más de 1.000 personas asesinadas y más de 1,2 millones de personas desplazadas. Mi propia familia se ha visto desplazada, al igual que muchos miembros de nuestro personal.
Las bandas criminales que controlan territorios utilizan la violencia sexual como arma de control. Las mujeres y las niñas ven restringido su acceso a la educación, servicios de salud, los espacios de liderazgo e incluso los espacios públicos seguros. Su derecho a soñar con un futuro en el que puedan ser libres y estar seguras está amenazados.
Las mujeres y las niñas son las primeras víctimas de esta crisis. Ellas necesitan y merecen seguridad como ciudadanas. La sociedad civil y las organizaciones feministas no cuentan con los recursos suficientes para atender la magnitud de las necesidades. No tenemos suficiente tiempo, financiación, personal ni energía para apoyar a todas las personas que merecen ayuda.
¿Cómo ha evolucionado la misión de la organización con el tiempo, considerando la reciente crisis en Haití?
Elegimos el nombre Nègès Mawon, que refleja nuestra visión como mujeres negras y haitianas. Tiene un profundo significado en relación con nuestra historia nacional. Haití es la primera república negra, un país que se sustenta en los principios de libertad y humanidad para todos.
Nègès Mawon simboliza la resistencia. Nos recuerda a las personas esclavizadas que huyeron de las colonias, lucharon contra la opresión y reclamaron su libertad, mientras ayudaban a otras a ser libres. Miles de mujeres lucharon por esta nación, aunque su nombre no aparezca en los libros de historia. Luchamos contra esa invisibilidad, contra el legado colonial y contra el control extranjero que aún persiste.
Hoy luchamos por todo lo que afecta a las mujeres haitianas: luchamos por nuestra libertad, humanidad y bienestar. Nos inspiramos en el feminismo negro y en los movimientos feministas africanos para restablecer nuestra dignidad y defender nuestra vida.
¿Qué tipo de apoyo ofrecen a las niñas y las mujeres?
Gran parte de nuestro trabajo se centra en apoyar a las sobrevivientes de violencia sexual. Contamos con una red de doctores, enfermeras y parteras que ofrecen atención médica, así como con servicios de apoyo jurídico y psicológico. También brindamos asistencia económica a sobrevivientes de todas las formas de violencia, especialmente la violencia sexual. Nuestra casa de acogida ofrece a las mujeres y las niñas un lugar seguro donde alojarse, sanar, reconstruir su vida y acceder a oportunidades que promueven la autonomía económica.
También apoyamos a las niñas que no pueden asistir a la escuela: cubrimos los gastos escolares y ofrecemos talleres y programas de educación sexual. Además, a través de nuestro programa de legalización del aborto, ayudamos a las mujeres a acceder a servicios de aborto seguros y legales. Esto es fundamental, ya que el aborto inseguro es una de las principales causas de mortalidad materna en Haití, especialmente entre niñas que quedan embarazadas tras una violación.
¿Qué te gustaría que las personas de todo el mundo comprendieran sobre las organizaciones haitianas?
Trabajamos y luchamos cada día para sobrevivir, para seguir siendo libres y para ayudar a otras personas a ser libres. Las mujeres haitianas somos víctimas de lo que está sucediendo en el país, pero también agentes de cambio, que construimos la comunidad y el país que queremos ver.
Hay quien dice que las personas haitianas no pueden gobernarse a sí mismas, no pueden construir su país, no pueden contribuir a los debates globales. Queremos cambiar esa narrativa. Somos a la vez ciudadanas haitianas y ciudadanas del mundo. Tenemos derecho a ocupar los espacios en los que se toman las decisiones sobre nuestro futuro.
Haití no es sólo violencia, corrupción y mala gobernanza. Su gente es extraordinaria y el país es hermoso y, durante siglos, ha contribuido a la libertad de otras naciones. Las mujeres formaron parte de esa historia; no lo olviden. Seguiremos hablando y luchando, por difícil que sea. Somos lideresas que contribuimos a la lucha mundial por los derechos de las mujeres y plantamos cara al fascismo, el sexismo y el racismo en todas partes.
¿Podrías compartirnos una historia que te impulse a seguir adelante?
Hemos estado apoyando a una mujer que ahora forma parte de nuestro programa. Hace unos meses vivía sola en un campamento para personas desplazadas, donde fue violada y quedó embarazada. Sufrió graves complicaciones y acudió a nuestra oficina porque no tenía adónde ir.
Nuestro equipo la acompañó al hospital. Tenía preeclampsia y necesitaba atención de urgencia. El equipo se quedó con ella durante dos noches porque no tenía apoyo familiar. Al final, dio a luz a una preciosa niña y ahora está a salvo.
Cubrimos todos los gastos médicos. Ahora se aloja en nuestra casa de acogida. Esa mujer —con su bebé, su vida, su futuro— nos recuerda por qué seguimos adelante. Aunque ayudemos a una sola mujer o a una niña a la vez, cada una importa y vale la pena.
¿Qué mensaje le darías al gobierno haitiano?
Hagan su trabajo. Hay millones de personas, mujeres y niñas que están sufriendo. Miles están muriendo. La gente está perdiendo la esperanza, la fuerza para luchar, el futuro prometedor que merecen las niñas y los niños de este país.
Nosotras hacemos nuestra parte como sociedad civil, pero no podemos sustituir al Estado. El gobierno tiene recursos y autoridad, debe actuar responsablemente y rendir cuentas.
¿Qué mensaje te gustaría transmitir a la comunidad internacional?
Les pedimos a nuestros socios y a la comunidad internacional que sigan prestando apoyo económico, pero también que apoyen nuestros esfuerzos en cuanto a trabajo de incidencia y educación.
Dejen espacio a las organizaciones locales para que hablen por sí mismas, defiendan a sus comunidades y representen a las personas a las que sirven. Nuestras voces importan. Respeten nuestra soberanía, nuestros conocimientos y nuestro derecho a hablar por nosotras mismas. Escuchen a la gente. Escuchen a las organizaciones locales y a las activistas.
Como feminista haitiana, para mí es profundamente importante que el mundo preste atención a Haití. Sabemos que hay crisis en todas partes. Tenemos hermanas que sufren en Palestina, Afganistán, Sudán, Congo y otros lugares. Manifestamos nuestra solidaridad con ellas, pero también les pedimos: no se olviden de Haití. Incluyan a las mujeres haitianas cuando tomen decisiones políticas y sobre financiación. La crisis se está produciendo ahora, y es ahora cuando necesitamos apoyo.
¿Cuál es tu esperanza para el futuro?
Para las mujeres y las niñas haitianas, espero algo sencillo: el derecho a existir.
El derecho a vivir sin preguntarse si sobrevivirán a las siguientes 24 horas. El derecho a vivir con seguridad, alegría, dignidad y que se reconozca su valor como seres humanos.
Espero que algún día vivamos en un país en el que no tengamos que luchar por nuestra vida a cada segundo.
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