Esta situación debe terminar. La hinchada y las comunidades locales deben poder celebrar libremente. La FIFA prometió un torneo en el que todo el mundo se sienta seguro, incluido y libre de ejercer sus derechos, pero la represión y la división amenazan con ocupar un lugar central.
El presidente de la FIFA Gianni Infantino y las autoridades de los países anfitriones deben actuar ya. La Copa Mundial nos pertenece a todos y todas: es hora de cumplir esa promesa.

