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Global: La FIFA y los países anfitriones de la Copa Mundial deben impedir que el torneo se convierta en una amenaza para la afición y las comunidades

 Adjuntos del sheriff del condado de Hennepin detienen a una persona manifestante frente al edificio federal Bishop Henry Whipple durante una protesta contra las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), en Mineápolis, Minesota, el 1 de marzo de 2026. Foto Kerem Yucel / AFP via Getty Images.

Millones de personas aficionadas al fútbol que asistirán a la Copa Mundial masculina de la FIFA 2026 en Canadá, México y Estados Unidos corren peligro de encontrarse con inquietantes ataques contra los derechos humanos, sobre todo los derivados de las mortales y abusivas políticas estadounidenses de inmigración. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional hoy. La organización de derechos humanos ha advertido de que las severas restricciones a la libertad de expresión y protesta pacífica amenazan el torneo “seguro, acogedor e inclusivo” prometido por la FIFA.

En su nuevo informe La humanidad debe triunfar: Defender los derechos y abordar la represión en la Copa Mundial de la FIFA 2026, Amnistía Internacional expone con detalle los importantes riesgos que pueden correr, y cuyas repercusiones pueden sufrir, la afición, los jugadores, los periodistas, los trabajadores y trabajadoras y las comunidades locales en los tres países anfitriones. Bajo el mandato del presidente Trump, Estados Unidos —donde se disputan tres cuartas partes de los partidos de la Copa Mundial— se enfrenta a una emergencia de derechos humanos caracterizada por las políticas de inmigración discriminatorias y por las detenciones arbitrarias y en masa llevadas a cabo por agentes enmascarados y armados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) y otras agencias.

“El gobierno estadounidense ha deportado a más de 500.000 personas desde Estados Unidos en 2025. Esta cifra equivale a más de seis veces el número de personas que asistirán a la final de la Copa Mundial en el Estadio MetLife en Nueva Jersey”, ha declarado Steve Cockburn, director de Justicia Económica y Social de Amnistía Internacional.

“La oleada de detenciones y deportaciones ilegítimas, que ha batido récords, sólo ha sido posible mediante la erosión de las salvaguardias de debido proceso, y ha socavado los derechos a la libertad y la seguridad de cientos de miles de personas migrantes y refugiadas. Estas políticas han destrozado comunidades y han creado un clima de temor en todo Estados Unidos. El país está viviendo unos tiempos profundamente inciertos, que sin duda se extenderán a la afición que desee participar en las celebraciones de la Copa Mundial.”

Las ciudades anfitrionas de la Copa se han visto afectadas por la represión de los derechos ejercida por el gobierno estadounidense. El presidente Trump federalizó y desplegó unos 4.000 efectivos californianos de la Guardia Nacional en Los Ángeles en junio de 2025, en respuesta a las protestas contra las redadas de inmigración. Dallas, Houston y Miami, ciudades anfitrionas, han firmado todas ellas acuerdos problemáticos para que los cuerpos locales encargados de hacer cumplir la ley colaboren con el ICE, lo que incrementa el uso de perfiles raciales y los ataques contra inmigrantes, y erosiona la confianza entre las comunidades y las fuerzas del orden locales, lo que da lugar a una reducción de la seguridad pública.

Respecto a los otros países anfitriones, México ha movilizado 100.000 agentes de seguridad, incluidos militares, en respuesta a los elevados niveles de violencia, lo que aumenta el peligro para las personas que protestan. Entre esas personas se encuentran las mujeres activistas que están planeando una protesta pacífica para el partido de inauguración en el Estadio Azteca de Ciudad de México, en la que pedirán verdad, justicia y reparación por la desaparición de sus seres queridos. En Canadá, el impacto de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010 en Vancouver y una creciente crisis de vivienda han despertado el temor de que las personas sin hogar vuelvan a ser desplazadas y empujadas aún más a los márgenes. El 15 de marzo, las autoridades de Toronto cerraron un centro de acogida contra el frío invernal que proporcionaba cobijo a personas sin hogar, ya que el lugar donde se ubicaba había sido reservado para su uso por la FIFA.

Las restricciones de viaje impuestas por Estados Unidos y sus abusivas políticas de inmigración empañan la belleza del juego

Sólo en 2025, el gobierno estadounidense deportó a más de 500.000 personas, 230.000 de ellas detenidas dentro del país y 270.000 en las fronteras, según un análisis de los datos oficiales del gobierno realizado por The New York Times. Muchas han sido deportadas violando el principio de no devolución (non-refoulement) a terceros países con los que no tienen relación, para enfrentarse a detención arbitraria y prolongada.

En todo Estados Unidos, agentes federales, que se comportan al estilo de los paramilitares, han atacado repetidamente a comunidades hispanas, negras, asiáticas y otras comunidades de color y han detenido de manera violenta y arbitraria a personas, incluidos menores de edad, cerca de sus casas, escuelas y lugares de trabajo.

Puesto que probablemente muchas comunidades inmigrantes de Estados Unidos querrán reunirse para ver los partidos de la Copa Mundial, y millones de aficionados y aficionadas viajarán al país desde todos los lugares del mundo, el ICE y otras agencias constituyen una escalofriante amenaza para quienes viven en Estados Unidos, para quienes viajan allí para asistir a un partido y para los propios jugadores.

Debido a las prohibiciones de viajar dictadas por el gobierno de Trump, los aficionados y aficionadas de Costa de Marfil, Haití, Irán y Senegal no podrán viajar y entrar en el país para animar a sus equipos a menos que tuvieran un visado válido antes del 1 de enero de 2026. Otros aficionados y aficionadas se enfrentan a vigilancia invasiva y a propuestas de obligar a los y las visitantes a hacer públicas sus cuentas en redes sociales para someterlas a examen y hacer una selección en busca de personas con sentimientos contrarios a Estados Unidos.

“A pesar de la increíble cifra de detenciones y deportaciones, ni la FIFA ni las autoridades estadounidenses han dado garantías de que la afición y las comunidades locales estarán a salvo de la utilización de perfiles raciales y étnicos, las redadas indiscriminadas o la detención y deportación ilegítimas”, ha manifestado Steve Cockburn.

“Sólo cuatro de las 16 ciudades anfitrionas han publicado hasta ahora sus planes respecto a los derechos humanos, y ninguna de las que lo han hecho hasta la fecha dice nada sobre la protección frente a la actuación abusiva contra la inmigración.Esta Copa Mundial ya no es el torneo de ‘riesgo medio’ que la FIFA determinó en tiempos que era: ya sea para proteger a la gente frente al ICE, para garantizar el derecho a la protesta o para prevenir la falta de hogar, es preciso emprender acciones urgentes para asegurar que la realidad de esta Copa Mundial coincide con su promesa original.”

El derecho a la protesta y la libertad de expresión, amenazados

La Copa Mundial suele ser un foco de protestas, y existe el riesgo de que las manifestaciones sean reprimidas.

En todo Estados Unidos, Canadá y México ha habido restricciones de los derechos a la libertad de expresión y reunión pacífica. El gobierno de Trump ha atacado en particular a estudiantes de procedencia extranjera que protestaban contra el genocidio que Israel está llevando a cabo en Gaza, mientras que agentes federales han matado a personas de ciudadanía estadounidense que vigilaban las agresivas acciones de control de la inmigración y protestaban contra ellas.

Un hombre protesta contra la falta de vivienda cerca de la recién inaugurada Aldea Olímpica de Tiendas, que albergará a personas sin hogar en tiendas donadas como protesta contra los Juegos Olímpicos de Invierno, en la zona de Eastside de Vancouver, el 15 de febrero de 2010. Foto Mark Ralston / AFP via Getty Images.

Canadá ha sido escenario de una oleada de protestas contra el genocidio en Gaza, incluidas grandes manifestaciones pacíficas y acampadas de estudiantes que han sido dispersadas y disueltas indebidamente por la policía.

En México también se han celebrado una serie de protestas relacionadas con la Copa Mundial, organizadas por residentes enfurecidos por las alteraciones del suministro de agua, los problemas de acceso a la tierra, el aumento de los precios y la gentrificación vinculados a la construcción de infraestructuras en las ciudades anfitrionas. La militarización de la movilización de seguridad en México para el torneo entraña el riesgo de que puedan reprimirse nuevas protestas.

Los derechos humanos deben ocupar un lugar central en el torneo

Cuando sólo quedan algo más de 10 semanas hasta el inicio de la Copa Mundial, el compromiso de la FIFA respecto a un torneo en el que todo el mundo “se sienta seguro, incluido y libre de ejercer sus derechos” requiere acciones urgentes para garantizar que la belleza del juego no corre el riesgo de tener un feo resultado.Los miembros de grupos LGBTQI+ en Reino Unido y toda Europa han declarado que para ellos no es seguro tener una presencia visible en el torneo.

“Mientras la FIFA genera ingentes ingresos con la Copa Mundial de 2026, no se puede hacer pagar el precio a la afición, las comunidades, los jugadores, los periodistas y los trabajadores y trabajadoras. Es a estas personas —no a los gobiernos, los patrocinadores o la FIFA— a quienes pertenece el fútbol, y sus derechos deben ocupar un lugar central en el torneo”, ha manifestado Steve Cockburn.

Información complementaria

Amnistía Internacional forma parte de Sports & Rights Alliance, un movimiento de aficionados y aficionadas, atletas, trabajadores y trabajadoras, miembros de comunidades locales y organizaciones de derechos humanos que pide a la FIFA que trabaje con los países anfitriones para proteger a las personas residentes y las comunidades de las ciudades anfitrionas.

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